La importancia de la educación en lengua materna para la agencia para el aprendizaje y la equidad educacional

Publicado en Agosto 24, 2015 · Publicado en Blog, Noticias

por Dee Rutgers

Destacar el rol central del lenguaje en la educación y el aprendizaje pareciera no decir más que “lo obvio”. Después de todo, el lenguaje es la herramienta fundamental a través de la cual los humanos podemos compartir y traspasar el conocimiento de generación en generación. Aun así, el modo en que la práctica educativa integra y refiere al valor e implicancias del lenguaje para la enseñanza y el aprendizaje suele ser limitado e insuficiente. Particularmente, el monolingüismo es aún la norma en la mayoría de las escuelas, a pesar de que vivimos en un mundo altamente (y ascendentemente) multilingüe. Como resultado, los sistemas educacionales alrededor del mundo les fallan continuamente a los estudiantes de lenguas minoritarias y de origen inmigrante, los que, por cierto, constituyen la mayoría de los estudiantes en muchos lugares del mundo. Con esto en cuenta, ¿Cuál sería el efecto de adoptar el multilingüismo como la norma en la educación? Es hora de redefinir lo que por largo tiempo ha sido lo “obvio” en la práctica educativa, desde una perspectiva multilingüe.

Creo que la mayoría de las personas aceptarían como obvio que poder entender lo que se escucha y lo que se lee es una habilidad crucial para el aprendizaje. A pesar de que esta habilidad sea tomada por sentada por padres de niños monolingües, este no es el caso para aquellos padres cuyos hijos deben cursar su educación en una lengua distinta a la lengua madre. Dee_Apr2015

Al parafrasear esta idea diciendo que el logro académico y las posibilidades futuras en el mercado laboral dependen ampliamente de la comprensión de la lengua de la instrucción escolar, se hace evidente la completa significancia de este principio básico para los aprendices de lenguas minoritarias. La ´lengua de la instrucción escolar´ es un fenómeno complejo: no refiere simplemente a la lengua (inglés, francés, español, etc) en que se codifica el conocimiento, pues el contexto escolar también refleja una práctica sociocultural particular que requiere de la adquisición de habilidades lingüísticas ´académicas´ altamente específicas para poder participar de él. Padres y profesores sabrán que las múltiples transiciones entre el hogar y la escuela, el aprendizaje basado en juegos y el aprendizaje formal, y el uso de habilidades orales a habilidades escritas, es un desafío tremendo aún para los niños más avanzados. Además de enfrentar el desafío de tener que adquirir las habilidades orales y escritas de una segunda lengua, investigaciones en Estados Unidos han mostrado que un estudiante de origen inmigrante puede demorarse un mínimo de 5 a 7 años para alcanzar el nivel de hablantes nativos en la adquisición del lenguaje escolar. Así, la educación monolingüe se presenta como un desafío derechamente injusto para estudiantes que hablan lenguas minoritarias, un asunto ético que los colegios tienen la responsabilidad de enfrentar.

Un segundo principio ampliamente aceptado en educación es que el aprendizaje es más efectivo cuando se construye sobre lo que la persona ya sabe. Para aquellos niños cuyas escuelas utilizan la misma lengua que ellos ocupan en sus casas, la lengua materna funciona como un vínculo estable al mundo conocido y un gran recurso para el aprendizaje en el colegio. En contraste, aquellos niños que hablan lenguas minoritarias deben resignar esta herramienta apenas entran a la sala de clases. Eso ocurre a pesar de que se sabe que el uso de la lengua materna puede contribuir en el aprendizaje de lenguas adicionales (segunda y tercera). Específicamente, que el aprendizaje de una segunda lengua – particularmente en etapas tempranas – ocurre naturalmente al vincular el nuevo conocimiento dado en la lengua desconocida con conocimientos previos dados en la primera lengua: la lengua materna otorga acceso al lenguaje de la instrucción escolar y la educación. La inclusión explícita de la lengua materna de un niño en la sala de clases contribuye a guiar y apoyar este proceso natural al incrementar la conciencia del niño sobre el lenguaje y desarrollar habilidades translingüísticas especialmente relevantes para su desempeño y aprendizaje futuro.

Más aún, como nos recuerda Vygotsky, el lenguaje se vincula intrínsecamente al pensamiento: aunque a veces nos encontremos ‘sin palabras’ al tratar de describir nuestros sentimientos, una gran parte de nuestro pensamiento – en particular el pensamiento de procesamiento complejo – ocurre en y a través del lenguaje. El lenguaje nos ayuda a regular lo propio y lo externo, nos guía en nuestras decisiones, y nos permite reflexionar sobre nuestro proceso de aprendizaje. Al desplazar la lengua materna del niño o niña, es muy probable que inadvertidamente estemos silenciando su voz interior, y negándole esta crucial herramienta para el aprendizaje.

El modelo de jerarquía de necesidades de Abraham Maslow nos lleva a un tercer principio central de la educación, que establece que el aprendizaje significativo ocurre en un ambiente de aprendizaje seguro. Este modelo – muy conocido para la mayoría de los profesores – explica un hecho bastante simple: que la necesidad de esfuerzo por seguridad, pertenencia, y confianza interferirá con el aprendizaje, afectando especialmente el sentido de potencial que el niño tiene sobre sí mismo si estas necesidades no se cumplen. Aquí, la profunda conexión entre la lengua materna de un niño o niña y su identidad no puede subestimarse. En términos simples, cuando se rechaza la lengua materna de un niño o niña, se rechaza al niño o niña mismos. La necesidad de pertenecer y sentirse incluido en la sala de clases es más fuerte en estudiantes de lenguas minoritarias, quienes a menudo son víctimas de discriminación y estereotipos fuera de la escuela. De hecho, la investigación ha mostrado que visiones estereotípicas basadas en sesgos culturales y raciales afectan el trato que reciben estudiantes de origen étnico minoritario dentro del colegio, afectando las expectativas y discursos de los profesores sobre ellos, entregándoles menor cantidad de discurso positivo. En adición, ser juzgado como “inteligente” o “no inteligente” es a menudo influenciado por el desempeño lingüístico del niño en la lengua del colegio, cuya adquisición – como ahora sabemos – es particularmente dificultosa para estudiantes de lenguas minoritarias.

Al “redefinir lo obvio” desde una perspectiva multilingüe, se han abierto nuevos ángulos a la compleja – pero hermosa – relación entre el lenguaje y la agencia para el aprendizaje, revelando que el lenguaje es una parte esencial del repertorio de herramientas del aprendiz que le permiten actuar dentro de la práctica educativa, la que es mediada por factores socio-culturales y lingüísticos. Y aún así, el lenguaje nunca es neutral. Modela y es modelado al mismo tiempo por factores socioculturales y dinámicas de poder, dado que el multilingüismo existe en un mundo caracterizado por la competencia por recursos materiales y simbólicos. Incluir la lengua materna en la práctica educativa es un poderoso mecanismo para romper las barreras lingüísticas que actualmente dejan fuera de un acceso equitativo a la educación a miles de niños en todo el mundo, empoderando a estudiantes de lenguas minoritarias, entregándoles las herramientas lingüísticas necesarias para una participación completa y un aprendizaje efectivo dentro de los espacios de educación formal. Multilingüismo como la norma – ¡Apoyémoslo!